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12月28日 Un Hombre, una mujer... un pavoUn hombre, una mujer... un pavo
La Navidad es esa época tan fría del año en la que todos podemos hacer una titánica gilipollez y salir de rositas... más o menos de manera impune. ¿En qué se diferencia entonces del verano? Se dirá el agudo lector. Comparemos ambas etapas del año: Impera el buen rollo, solía tener vacaciones pero ahora tengo que pringar... hojas de calendario a parte, la principal diferencia es que la Navidad está en el semestre de vino y el verano en el de la cerveza, más que nada por la temperatura que es sutilmente diferente (el puñetero signo que va delante del numerito... eso que me complicaba las matemáticas en el instituto). Eso y la comida. En verano nunca se me ocurriría comprar un pavo.
Anduve yo en pleno éxtasis consumista, algo que suele ocurrir cuando no tienes ni idea de qué comprarle a la parienta y sales a dar una vuelta para inspirarte. Estaba en el supermercado ojeando compactos packs de polvorones cuando lo vi. Tenía que adoptarlo, meterlo en el horno y comérmelo.
Propongo nuevas definiciones para “Pavo”:
- Ave enorme que los gringos (que tienden a ser grandotes) suelen comerse en Navidad. - Plato típico de Pascua que, desde la perspectiva del comensal que no ha pasado antes del pollo asado, le hace creer que vuelve a la infancia debido a la nueva perspectiva (ave enorme = comensal pequeño). - Solución para la lucha contra el hambre criada en corrales de Chernobyl que, una vez salido del horno parece no acabarse nunca. - Alimento que genera sentimientos de solidaridad y generosidad cuando te llevas una ración para comer en el trabajo, debido a que suscita frases del tipo “¿Alguien quiere un poco?” o “¿Nadie va a ayudarme con esto?”
Han pasado cinco días y aun queda pavo en casa. Lo digo por si alguien quiere, dado que, tras aplicar mi sentido soviético de la previsión, resultó que ese pedazo de ave nos lo hemos tenido que comer entre Baby y yo. Verdi ayudó en la medida de sus posibilidades, pero si un gatito pasa de dos a cuatro kilos en tan poco tiempo sus esperanzas de dominar el mundo y esclavizar a la humanidad pueden verse seriamente mermadas.
La solidaridad murió con la Guerra Fría, una frase de la que he podido dar cuenta cuando la madre de Baby entró en casa y puso una compleja excusa (algo del tipo “No hasta que esos cabrones de Washington DC. reconozcan que la Guerra Fría la ganamos nosotros... al fin y al cabo no nos conquistaron”) para no ayudar en la causa común, en la lucha contra el ave. La señora parece haber roto el Pacto por las Libertades y el Pavo Navideño y, consecuentemente, he tenido que tragarme yo el problema... y su relleno. A veces con papas.
Le pregunté al Señor Lobo (me tocó trabajar con él en Nochebuena... y el día anterior y el posterior) si tenía experiencia con este gigantesco animal (para él debe ser una especie de pajarito frito porque el tipo es enorme) y me contó una historia de su pueblo, allá en Galicia: Efectivamente, había preparado y consumido enormes pavos (enormes para los mortales no para este Mazinger Z de la seguridad privada)... lo curioso es que me dijo que le tocó “emborracharlo”. ¿Qué coño le hacen a los pavos en Galicia? No daré detalles sobre nuestra improvisada receta (Baby podría enviar a un chino cachas para que me diese más leches que el hijo de puta de Neo)... sólo daré una pista sobre lo que nos inspiró: * 12月23日 Pascua y YoUna vez al año, cuando empieza a hacer un frío que pela, los humanos, futuros esclavos del Imperio de la Felinidad, empiezan a comportarse de un modo aun más absurdo de lo normal. Entran y salen de casa evitando contactar entre ellos para algún asunto aunque luego disimulan para el resto de ellos) y traen a casa un montón de cosas extrañas que, aparentemente, carecen de utilidad a medio y largo plazo.
En el estudio de este extraño comportamiento, sin duda de gran utilidad para mis planes de dominación global, me he encontrado con un fenómeno que va más allá de lo explicable por cualquier método que no incluya la superstición, ya sea el método científico o, mi preferido, el método mascótico, al que prefiero denominar “Método Verdi”.
Mañana del 22. Mientras todos los humanos de la zona están pegados a la tele (es algo más que una caja que emite luz... yo mismo me he sorprendido viéndola durante largo tiempo), el individuo denominado como Golfo, sale a la calle varias veces y vuelve cargado de bolsas de contenido desconocido y las esconde por toda la casa. Un análisis olfativo previo me induce a pensar que el contenido de las bolsas es comida y algo no comestible con alto contenido en poliéster. Sale una vez más y, a su regreso, trae consigo o que parecen dos formas de vida. Al final, resulta ser una forma de vida y un distractor, pero eso ha de ser explicado más adelante.
Primero coloca el señuelo, o distractor, ante mis narices, para aprovechar mis instintos de depredación y combate en una burda maniobra de distracción, como si no tuviese sentido del olfato. El objeto, parecido a un ratón que se mueve sólo, debe estar dotado de alguna función psíquica para centrar mi atención y devolverme a un estadio anterior de mi evolución, de proto-emperador tiránico, autócrata y falsamente paternalista, a cachorro juguetón, abrazado a esa bolita vibrante de pelo sintético que le da pataditas con las patas traseras. Mientras tanto, Golfo comete el gran error de abandonar a mi alcance la forma de vida en el salón, y vuelve a salir.
Este nuevo ente, se caracteriza por crecer desde un receptáculo de plástico oscuro, y poseer unos apéndices que ineludiblemente me recuerdan a mi droga favorita: El jamón. En ese momento de confusión casi psicotrópica, la nueva forma de vida, vegetal para más señas, me habla:
- Hola, soy Pascua - ¿Miau? - Soy una Planta de Pascua - ¿Y? - Cómeme - ¿Mande? - Muerde mis hojas, derríbame y hazme caer al suelo... ¡Destrózame! - Espera, vayamos por partes... - ¡Te he dicho que me agredas! ¿Qué parte de Cómeme no has entendido? - Propongo conocernos un poco primero, deja que te huela y... - ¡Hazlo!
El resultado no puede ser otro. Cuando menos una hojita, de pésimo sabor a propósito, si que fue mordisqueada por mis magníficas fauces trituradoras de pienso, sin embargo fue una trampa. Golfo regresó y montó el follón acostumbrado al ver a la nueva y traicionera forma de vida mutilada (eso dijo ella... ¡Por una puta hoja!) para después actuar como fuerza de interposición alejando a la nueva compañera de piso de mi área de acción.
Provocación y luego denegación. Oferta de algo parecido a jamón para provocar un rechazo al mismo por el sabor... aquí hay gato encerrado. Mi conclusión es que, una vez al año, este par de imbéciles trata de desintoxicarme del cerdo con un programa de condicionamiento mental que me lleve a rechazarlo debido a su sabor.
¿Fiesta religiosa anual?
¿Denegación de la ingesta de productos porcinos?
¡Estos dos idiotas piensan convertirse al Islam!
1月31日 Y Buenafuente tenía razónLa cosa tiene su gracia… ¡En serio! Estoy pensado en cambiar de Gurú (mil perdones, oh Jorgito) y comenzar a adorar la calabaza (o el zapato perdido) de Andreu Buenafuente.
A Murphy pongo por testigo (digo tomando prestada una frase que le leí a José Mantero) de que lo que no nos ofrezca la casualidad no nos lo ofrecerá nadie: Como una coña acaba convirtiéndose en una predicción. Cito textualmente: […] Lo más fuerte de todo no es que en la reunión secreta (de Zapatero y Mas) hayan llegado a un acuerdo… lo más fuerte es que en la reunión… ¡fumaron!
Esto lo dijo en su programa de Antena 3 la semana pasada… y esto lo publicó el suplemento dominical de El País el pasado Domingo 29. ¡Milagro ¡Clarividencia! No sé si el señor Buenafuente tendrá poderes mentales, sólo sé que se metió un puntazo, que me partí de risa viéndolo (y luego leyéndolo), y que encima acertó (probablemente sin querer… las mejores cosas se hacen sin querer).
De acuerdo, fumaron… y Mas ha demostrado ser poco de fiar (por lo menos Carod no se chivaba de los pitillos clandestinos que se fumaban en el despacho). Lo peor es que haya comunicadores en este país (porque son comunicadores… otra cosa es lo que comuniquen que se quejen de que esto es una tontería. Vale que hay problemas más serios, pero mi problema como ciudadano fumador (aun no me han retirado la ciudadanía por fumar) es que se haga la vista gorda con el presi. Es que no nos puede coger frío si sale a la calle a fumar. Pues yo no puedo fumar en mis alegres turnos de 12 horas… ¡Y la última noche nevó! Imaginad mi reacción: Estoy apuntando en el informe el acostumbrado resultado de la última ronda cuando me vibra el bolsillo. Resulta ser un escueto mensaje de Baby: Está nevando. En arriesgada maniobra y sin levantarme de la silla, decido inclinarme hacia la izquierda (bonita frase… me pondrán verde por ella) para hacer uso de mi plus de peligrosidad, que debe cubrir las caídas de culo cuando la silla (no yo) decide comportarse como un toro de rodeo). Saco la cabeza como un personaje de dibujos animados por la puerta corredera de mi garita y observo que, ciertamente, está cayendo nieve. Mi frase… evidente: Me parece que va a salir a fumar a la calle su puta madre.
Y es que le tabaco últimamente sólo trae complicaciones: Vale, puedes hincharte a ligar (a tratar de ligar mejor dicho) con alguna que otra compañera (en el sector en el que trabajo se trata de ese tipo de chicas que dibuja Masamune Shirow), la conversación y el compadreo entre fumadores recuerda a los pitillos de entretiroteos que, en las pelis de guerra, se fumaban soviéticos y alemanes en las calles de Stalingrado (eso sí nunca juntos... que comisarios había en los dos bandos). Pero me refiero a otra morcilla que ha colado (morcilla cargada de razón) el señor Buenafuente: Esta ley está hecha con muy mala leche… ¿No podrían haber esperado al verano para aprobarla? 1月23日 La Vieja y yoHay un habitante en particular del edificio donde me toca trabajar que resulta, cuando menos, cómico. Cómico o algo peor… Se trata de la portera, pero eso es un decir. No es la portera, es la hija de los últimos porteros que tuvo la finca. No sé qué edad tendrá, pero aparenta más de ochenta… y mi abuela (en paz descanse) estaba muchísimo más lúcida que ella. Vamos, que vive en la portería y si le hace feliz puede considerarse portera honoraria, pero debería llevar 15 ó 20 años jubilada. Más o menos resulta como el personaje de Vicenta, en Aquí no hay quien viva, pero no tiene tanta gracia (y en persona huele peor)
La primera sensación que produce la vieja es de ternura, la típica señora mayor a la que adoptarías como abuelita, para hacerle compañía (aunque incluya tragarse todos los programas del corazón) a cambio de que ella te prepare galletas caseras y vasos de leche cacao… luego la hueles y pasa lo que pasa. Además, curre que en cuanto te descuidas va ella y se chiva de, lo que cree, una negligencia o algo peor. No sé si será Síndrome de Diógenes o sólo la soledad, pero cuando sale a tirar la basura regresa al edificio más cargada… y según el carbonero guarda cajas de cartón y periódicos viejos al lado de la caldera (una caldera preciosa, de carbón y leña… de esas que echan un pestazo a humo que tiran para atrás). Lo peor (ya me lo advirtió mi compañero) es cuando vuelve de tirar la basura y te ofrece fruta para cenar… ¡A saber de dónde coño han salido esas manzanas!
Otra de las obsesiones de la vieja son los calendarios… le pide calendarios a todo el mundo. ¿Pensará empapelar el cuarto en el que vive con hojas de calendario como hizo uno de los personajes de La Profecía (éste usó páginas de la Biblia). No es así, la vieja colecciona calendarios para luego regalarlos a la gente… ¡y si un día le dices que no quieres te seguirá y seguirá ofreciéndote los jodidos calendarios! ¡Es el monstruo de los calendarios, la protagonista de la próxima peli de Wes Craven “Sé que no tienes Calendario de este año”… un encanto, en realidad es como un giro de tuerca del personaje de de Aquí no hay quien viva.
Con la llegada de las fiestas navideñas la cosa tornó a peor. Recuerdo su frase (que me permitió responder en plan John Wayne) Qué hace aquí, joven, Dios hizo el Día para trabajar y la noche para descansar… (tratad de imaginar mi respuesta: Los chicos malos quieren el día para holgazanear y la noche para robar, señora, por eso estamos aquí… En ese plan, tras preguntarme el 23 si había comprado Lotería de Navidad (no), el 25 me preguntó si me había tocado la lotería (porque ella sí que se acuerda… me parece que más bien se hace la tonta). Esto dio pie a otra frase gloriosa: Claro que me ha tocado, señora, si yo soy segurata por vicio.
Lo malo de la vieja es cuando la monta. Hace unos días dejaron que mi compañero saliese antes… el Presidente de la empresa en persona le dio permiso. Llegó la cartera del turno de tarde y ¿quién tenía que saltarse todas las normas de seguridad? ¡Exacto! Para un día que la cartera de siempre libra y le toca a una que dejó que ella recogiese el paquete, un paquete que debe ser analizado y pasado por el scanner (valga la fantasmada) lo recoge este terremoto octogenario, se lo queda dos días en su cuartito y luego se lo da a una empleada de la empresa añadiendo es que como el vigilante no estaba en su puesto…
A mí me hizo otra. Al parecer la abuela ha provocado dos intrusiones en la instalación: Sale a tirar la basura, o a comprar o a lo que quiera que haga y, no es que deje de echar la llave, ¡Es que deja la puerta abierta de par en par! Una de las veces que lo hizo me tocaba a mí de guardia y (atención al diálogo) cuando le dije ¡Ciérreme la puerta, por el amor de Dios! Ella me empezó a gritar que le habían puesto el contenedor de basura muy lejos, que por qué tenía que cerrar la puerta habiendo un vigilante y que si yo me creía un Guardia Civil… era la primera vez que alguien me llamaba picoleto en mi puta vida, y encima era a modo de insulto por pedir por favor que cierren la puerta con llave. Menos mal que sólo uso a Anestesia para rascarme la espalda y para hacer chistes sobre enormes penes.
Mi compañero me recomendó que cuando no cerrase ella que diera yo un portazo y echase la llave. Con confianza vamos, que ella seguro que lleva la suya encima, y si no es así… pues no tengo por qué abrirle la puerta (al fin y al cabo no soy el portero del edificio). Claro que luego vienen los remordimientos (Madrid… Invierno… ¿Es nieve lo que cae?
A veces pasan días y la vieja no rezonga por ningún lado. Mi compañero tiene una frase para estos casos: Llamaremos al SAMUR cuando empiece a oler. Cruel, contundente… ¿Qué esperabais de un par de Vigilantes? Pues la cosa va más allá: Tenemos Tácticas anti-coñazo
- Durante el turno de día, mi compañero se limita a ser arisco y gritarle que le deje en paz, que está trabajando. - En mi caso estoy entre el disculpe, tengo que hacer una ronda (y esconderme en la escalera hasta que se ha ido) y, mi preferida, La Comunicación Periódica Constante. - CPC: A la vieja se le oye venir (no sólo resopla por el esfuerzo de caminar, sino que cuenta cada escalón que sube o baja por el camino… ¿Y creíais que yo me volvía loco por contar las baldosas?) así que en cuanto es detectada agarro el auricular del teléfono, marco una cifra al azar (sin pulsar el botón de línea al exterior) y hago como que hablo con la central… ¿Qué dice por ahí que estoy hablando por teléfono toda la noche? Que comprueben el registro de llamadas… Lo mejor es que ella ha desarrollado un sistema de contravigilancia contra el vigilante para saber si hablo de verdad por teléfono o hablo sólo… me espía desde la escalera que da al ascensor (a mi espalda), pero yo he desarrollado el truco de la contra-contravigilancia contra el vigilante (menudo trabalenguas) al verla por el reflejo de las ventanas de mi garita. Sólo una vez me ha sorprendido… ver su cara decrépita y su pelo sucio a lo South Park me dio un susto de muerte… joder, incluso se me quitó el hambre (pero sólo durante una hora…) entonces hice como que miraba el reloj, grité ¡MIERDA! Y cogí el teléfono… estaba tan asustado (es que el careto de la abuela se las trae) que ni siquiera pulsé los botones… ella lo vio y dijo ¡Aja! ¡No está usted hablando por teléfono de verdad! A lo que tuve que responderle (acabada la conversación ficticia de 20 minutos… jodido aguante que tiene la vieja) que ése era un teléfono especial muy moderno, y que las teclas tenían un sensor fotoeléctrico que leían las huellas de los vigilantes asignados a ese servicio y marcaban el número en cuestión… estoy seguro de que ni siquiera sabía de qué coño hablaba, pero debió colar, porque al día siguiente se había olvidado de todo. Me diréis que nos pasamos tres pueblos con la vieja. En un día normal os diría que sí, pero hay que tener en cuenta que no estamos allí doce horas al día para cuidar a esa señora, y que no somos la niñera de nadie. De todos modos, aunque en el fondo no la odio, cualquiera que crea que nos pasamos con la señora (a la que solo queremos espantar y que se limite a un buenas noches…) le retamos a que pase un turno de doce horas en uno de los días críticos de la misma… a ver si la aguanta.1月13日 MI PEQUEÑO WINDSOR- Qué, ¿Cómo ha ido la noche? (Enseguida, en la jerga de los vigilantes de seguridad son unas doce horas) Ya me estaba retrasando en escribir sobre esto. Evidentemente estoy limitado por el secreto profesional (al parecer los seguratas también estamos sujetos al secreto profesional… por ejemplo una bellísima compañera de PROSEGUR me preguntó dónde estaba el servicio –mi centro de trabajo- y tuve que responderle que tenía uno en cada una de las seis plantas del edificio… ante unas limitaciones algo fantasmonas la solución del Vigilante es mentir y tratar de hacerlo con cierta gracia), pero creo que hay detalles divertidos que os puedo contar: Cuando mi primer coordinador de servicios me describió el puesto, me dijo que se trataba de un edificio de oficinas, y que trabajaría en un equipo de seis vigilantes… ¡Coño! Me dije ¡Eso debe ser un Winsdor como mínimo!... Un Winsdor como mínimo:… Iluso de mí. Me imaginé una gigantesca torre de acero y crista, calefacción centralizada, sistemas automáticos anti-incendios y anti-intrusión, sensores de movimiento, y de identificación automática que relacionan la matrícula del coche con la cara del conductor, lectores digitales de la palma de la mano, escáneres de retina… y una escuadra de escogidos vigilantes de elite de la primera multinacional española de seguridad privada… ¿Sabéis qué me dieron? Una puta casa vieja. Félix pasó a verme una noche y le sorprendió no ver puntos de fichaje para las rondas, ¿sabéis qué le dije?: ¿Quieres ver el sistema automático contra incendios e intrusiones? lo tienes delante (señalándome con el dedo... fue como aquella frase del Señor G: El único seguro del revólver es vuestro dedo) Sí, la instalación a mi cargo es una jodida casa vieja de seis pisos, tres pisos de oficinas., dos pisos vacíos y una pensión en el último. Seis pisos, 108 escalones… 2856 baldosas a las que poco a poco voy poniendo nombre. ¡En serio! Una noche las conté, y decidí asignar a cada una un nombre único y distinto al del resto… cuando grite uno de los nombres de madrugada y escuche claramente que la baldosa me responde tendré que empezar a preocuparme en serio. Por lo pronto la distribución onomástica va a ser: - Primer piso: nombres ingleses - Segundo piso: nombres alemanes - Tercer piso: nombres españoles - Cuarto piso: nombres italianos - Quinto piso: nombres vascos - Sexto piso: Nombres eslavos Como si se tratase de aquel episodio de Dilbert, las oficinas están ocupadas por ingenieros y personal de servicios de la empresa (informáticos, ordenanzas, telefonistas…) en dos meses he visto a tres informáticos y a una ingeniera… y no venían a hacer horas extras, sino a dejar o recoger material. Curioso, hay gente que tiene demasiado tiempo libre, como un ordenanza del primer piso, que llega a trabajar a las 6:30, y se larga a las 19… coincidiendo (a la inversa) con mi horario de trabajo. Ese cabroncete me dejó encerrado un lunes por la mañana, entró cuando mi compañero desayunaba al lado, y mientras yo me estaba cambiando. Esta descoordinación (la única vez que ha pasado) tuvo que coincidir, por Ley de Murphy, con la llegada de este buen señor que, al no ver a nadie, entró y cerró con llave. Respecto a los habitantes de la pensión, tan sólo he de decir que todo el edificio pertenece a la empresa, y que ésta lo ha alquilado a una señora que permite que su hijo la dirija. Eso significa que los fines de semana por la noche, veo pasar al chico con varios amigos y mogollón de cervezas… por lo menos se dignan a apagar los porros fuera de la instalación. Hay inquilinos en la pensión: Un borracho algo pesado (que fue expulsado el 20 de Diciembre… ¡Feliz Navidad pequeño Joe!), un tipo con perilla muy salado. Un gay muy educado (pero algo ido de la olla), otro tipo también muy educado (pero no homosexual)… y un viejo calvo, gordo y con gafas. También hay una portera que en realidad no es portera: Una vieja de unos 80 años, más pesada que una vaca en brazos, que es la hija de los porteros. Vive en un cuartucho junto a la caldera y al nido de las ratas (lo olvidaba: Hay calefacción central… caldera de carbón y leña… de las que huelen a barbacoa) con un alquiler de renta antigua. Con la esperanza de conservar esa infravivienda, su hermano (porque ella no está en condiciones de negociar nada) ha rechazado los ofrecimientos del Gran Jefazo de pagarle una residencia, por lo que tenemos que aguantar a la pobre mujer, a su soledad y a su Síndrome de Diógenes (guarda papeles y cartones al ladito de la caldera… ¡Bieeeeen!) El personal externo somos Benito, el carbonero (al que veo todos los días a las 5:30 de la mañana), mi compañero y yo. Mi compañero es un tipo de cincuenta años gracias al cual, PROSEGUR tiene este servicio. La empresa no quiere a PROSEGUR… ¡Le quiere a él! De hecho cuando pide un día libre me lo dan a mi también. El tipo se hace alrededor de cuatrocientas horas al mes (con lo que rebasa el máximo de horas legalmente establecido para un año en unos pocos meses… pero él está de acuerdo, y el cliente también. Al igual que yo (espero que el próximo mes) es licenciado. En derecho para más señas… Contra todo tópico hay muchos licenciados en este negocio, más de los que cualquiera diría a primera vista. Eso me recuerda a un chiste de vigilantes: ¿Qué hace un Licenciado trabajando de Vigilante de Seguridad? Muchas horas… como el resto. Debe ser la falta de sueño, pero lo encuentro hasta gracioso. Posdata: - La imagen tiene historia. Tras el incendio del Windsor, en el complejo de Azca, un amigo (al mejor estilo del manifestómetro) logró atravesar el perímetro policial y sacar ésta y otras fotos de las ruinas del rascacielos. Sencillamente genial. - Los lectores más observadores se habrán fijado en que hay un nuevo enlace, se trata del Espacio MSN de mi compañero de promoción Hristo. Me pareció buena idea enlazarlo aquí y ayudarle a conseguir algunas visitas. ¡Suerte con tu blog Hristo! - Ayer fue el cumpleaños del Miguel (Tres Columnas). Sé que no ha publicado nada desde que le abrí ese blog, pero es que no tiene tiempo material (son dieciséis horas de jornada laboral las que se pega en su bar). Supongo que agradecerá alguna felicitación. ¿Quién sabe? puede que incluso publique algo.
1月12日 Pato y Golfo en el BernabéuEsta historia es algo antigua. Se trata de cuando mi vecino Chus (conocido en el barrio como El Pato) me invitó a un partido de la Champions League, si no recuerdo mal el Real Madrid vs. Olympiakos (dudo si se escribe así). No soy particularmente futbolero, pero no me pude negar a una visita al Bernabeu con todos los gastos pagados. Mi vecino, instalador de redes de profesión, quería enseñarme cómo había quedado el estadio tras las últimas reformas. Dentro del mismo, no paraba de señalarme cámaras de seguridad y cosas por el estilo al grito de ¿A que no sabes quién las ha instalado?... incluso se lo decía a los chavales que comprobaban las entradas en los tornos.
El previo al partido resultó de lo más educativo. Litrona va y litrona viene en un parque cercano, ojo avizor por si se acercaba algún malote y con algún cigarrito aliñado de complemento. Unos caballos preciosos los que montaba la poicía, y una idea genial la de la carnicería que hay junto al estadio: Los días de partido guardan el género en la cámara y llenan los refrigeradores de embutido, pan, litronas y botellas de agua y refrescos.
Respecto a ir al fútbol con Chus, cabe decir que es toda una aventura: hasta cuatro veces cambiamos de asiento. Ya lo decía un tipo que fumaba su puro con pasión: Es que os sentáis donde os da la gana. En cada nueva localidad que ocupábamos yo tiraba una foto con mi móvil. al final llené la memoria también con vídeos y sonidos (siempre quise guardar el grito ensordecedor del respetable cuando el equipo marca un gol... algo que últimamente no sucede demasiado.
Respecto al rival sólo tres cosas: Había viejos conocidos de la afición (Rivaldo era uno de ellos), vestían parecido al Atlético de Madrid (como si eso arreglara las cosas) y alguien debió regalar a los aficionados griegos un diccionario de español, porque no paraban de gritar ¡Real-Ma-Drid-Mi-e-rda!
La mejor de las anécdotas surgió cuando Chus sacó un estuche para brocas (creo que es para brocas...) y se dispuso a invitarme a su contenido. Se acababa de encender aquel cigarrito de la risa cuando uno de los enormes tipos de seguridad (trajeado y con pinganillo en la oreja) se nos puso justo al lado. Chus casi me quema con el petardo al ocultarlo, y luego casi se incendia los vaqueros. Lo divertido fue que unos segundos después, los alrededores de las localidades que ocupábamos (nunca mejor dicho porque sus números poco tenían que ver con los de nuestras entradas) se llenaron de esos chavalillos con chaleco reflectante que pasan la mitad del partido en los tornos de las puertas del estadio... y la otra mitad a pie de campo mirando hacia las gradas. Encima he oído que ni siquiera cobran por eso.
Chus estaba de los nervios. Al final agarró a uno de los chicos por el chaleco ante la mirada atónita del gigantesco tipo de seguridad para preguntarle ¿Cuándo os vais de aquí, chico? ... pasados unos minutos el trajeado de seguridad hizo una señal a los chicos que empezaron a moverse hacia el césped (se acercaba el descanso), y, como para grabarlo en vídeo y mandarlo a la tele, Chus agitó su mano derecha (entre cuyos dedos había un porro encendido) al grito de ¡Minuto cuarenta niños! ¡Largo de aquí!. No sabía dónde meterme, ya me veía expulsado de tan magna instalación cuando (para mayor sorpresa) comprobé que nadie se había fijado en el hecho... no sabía si partirme de risa o comprobar si me había cagado encima.
Por lo demás no estuvo mal la experiencia. Habrá que repetirla. He de decir que no soy simpatizante del Real Madrid, pero en un estadio como el Bernabeu, con tanta gente gritando, el entorno vence a la razón... se llega a formar involuntariamente parte del rebaño y animando al equipo local. Lo mejor de todo es que, al igual que en el bar, se puede gritar perfectamente ¡Ronaldo Gordo! ¡Guti eres un mierda! o ¡Sois todos unos jodidos vagos! y la gente que te rodea encima te da la razón... espero que nunca sepan que yo, en realidad, de madridista no tengo nada.
Ojo a las fotos, menudas caras que ponemos. 10月24日 Los Gatitos son venenososEsta es una historia que tiene algunos años, tantos al menos como la foto, en la que mi amigo Murci, el Tadjikonauta, me arrea probablemente por volver a contarla en público (no puedo evitarlo). El caso que nos atañe comenzó en la selecta cervecería Rubí, (en la C/Bravo Murillo, Madrid), donde Murci y yo disfrutábamos de nuestras enormes hamburguesas completas y unas jarras e helada Mahou de barril, cuando de repente observé sus enormes manos y dedos marcados por sucias cicatrices negras, como de arañazos. - ¿Y eso? ¿Quién te ha hecho esas heridas? - Si te lo digo no lo creerías - Me preocupas, Murciamigo, diem enseguida quién ha sido y yo en persona iré a Lorca a ajustarle las cuentas... - En realidad la historia es más compleja, resulta que... - Bueno, ¿Y por qué no te has lavado la herida? -Ahí quería yo llegar, resulta que...
LOS GATITOS SON VENENOSOS: Es por todos sabido que cuando un gato muerde a una presa, debido a su pequeño tamaño, no siempre la mata; sin embargo al presa acaba muriendo a la larga... (presonalmente yo defino las mordeduras de gatitos en dos tipos: Letales -que matan- y no letales -que no matan, pero Murci me ha descubierto una tercera modalidad de mordedura de gatito: Las que no son letales pero acaban matando a la larga) Esto ocurre porque en la saliva del gato existen componentes tóxicos que, al entrar en contacto con la sangre, producen una muerte lenta por envenenamiento, permitiendo al gato huir de un ataque, o librarse de un combate peligroso y prolongado que podría ponerle en peligro. Pues bien, también sabes que en casa (en La Escucha, pedanía cercana a Lorca... en la Murcia interior) yo tengo gatos... mogollón de gatos: Unos veintiséis. De hecho no podemos reducir la población pese a que ejecutamos a las crías que no podemos mantener estrellando sus cabezas contra una pared o metiéndolos en un saco y arrojandolo al pilón... - Perdona, Murci ¿No habéis probado a disolver una aspirina en un cuenquecito de agua y que los gatitos beban de ahí... sufrirían menos y no os mancharías y de sangr... Eso es caro... y no interrumpas. - El ácido cítrico también les es tóxico ¿Podríais...? Te he dicho que no me interrumpas, por favor. Bueno, el caso es que las crías supervivientes (las que nos parecen más bonitas) lo llevan crudoen su primer año de vida, compramos su comida por sacos de 50 kilos, imagínate su impacto en nuestra economía doméstica; y claro, aunque la comida es abundante los cuencos (comederos) son limitados: He ahí el problema. Al escuchar el ruido de los Friskies caer sobre las superficies de plástico, dos decenas y media de gatos (algunos de más de cinco quilos) se lanzan como locos a comer, y meten sus cabezas entre las de los demás. De hecho es normal que se produzcan peleas y algún que otro zarpazo. Ahí vi yo un día a uno de los pequeños desplazado, esquelético... imposibilitado para llegar a la comida, al borde de la inanición. Tú me conoces, sabes que en el fondo soy como un caballero andante que no se puede etar quieto ante la injusticia, así que cojí al gatito con una mano y un puñaod de friskies con la otra para darle de comer... Pero se asustó, juro que sólo trataba de darle algo de comida para que no muriera, pero el gatito fue presa del pánico y comenzó a arañarme las manos y los dedos. Yo, claro, traté de resistir por su bien, de aguantar el dolor... pero me fue imposible, mira que me puse de pie, pero en un acto reflejo mis brazos empezaron a moverse sólos, mi cerebro lo único que quería era que el minino se soltase y dejara de hacerme daño, pero él no notaba mi lucha interior, y de hechocuanto más bruscamente me movía, más profundamente clavaba sus pequeñas garras, hasta que de repente, se soltó... (Primer ataque de risa.Imagináos a todo el bar callado, mirándome como desde el suelo no podía dejar de reir, colorado, casi sin respiración: Uno de esos ataque de risa que sólo se pueden cortar con un ataque de hipo) El gatito salió volando, dando vueltas or el aire como una bolsa de plástico vacía hsata darse contra una pared con un sonoro ¡Crock! que sonó en mi cabeza com un cañonazo (unas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos) Me acerqué a él y no se movía, permanecía inerte con su pequeño cuerpecito perdiendo calor... te lo juro, lloré como una Magdalena, así que me agache, lo recogí con mis manazas y fui a pedir consejo a la persona más sabia de la casa. Entré en la cocina para que mi madre me aconsejara qué hacer: Había acabado con una vida inocente, llena de futuro... con un gatito de apenas un par de meses. Mi madre, lo miró de reojo, y sin sacarse el Ducados de la boca dijo aun vive, pero no dejes que sufra... ¡Estaba vivo! Todo mi ser quería salvarlo, pero algo tienen las madres, que cuando mandan algo obedecemos sin pensar, automáticamente... como terminators (la sola idea de un Murciator casi me provoca otro ataque de risa como el anterior) por lo tanto, cogí al gatito en una mano y ¡PLAF! lo estrellé contra el suelo. No se movía, así que me agaché para comprobar si todavía respiraba y ... como en una película de miedo el gatito giró antinaturalmente su cabecita, me miró con los ojos medio cerrados, abrió su hociquito y emitió un fantasmal ¡Eeerk! que me perseguirá toda la vida. ¡No podía creerlo, iba a ser verdad lo de las siete vidas, así que ahora, cabreado, volví a cogerlo con mi manaza buena (la derecha), y lo levanté por encima de mi cabeza para lanzarlo de nuevo contra el suelo ¡CRACK!... ¡Eeerk! Esto ya parecía cachondeo... (aquí imaginad que me había caído de la silla por tanto reírme), así que furioso volví a levantar al gatito por encima de mi cabeza y esta vez cerré los ojos para lanzarlo hacia el infinito y más allá... ¡PLAMM!... ¡Eeerk! (aquí Murci lloraba como una Magdalena mientras yo casi me arranco la lengua a mordiscos para no reír) Tengo la sensación de que ese sonido me perseguirá toda mi vida... así que recogí de nuevo el cuerpecito de ese cachorrillo que se empecinaba en no morir, en no dejar este mundo, y se lo llevé a mi padre. Mi padre estaba apoltronado en el sofá viendo la tele y bebiéndose un vino cuando llegué con el inmortal en las manos... Mira papá, mamá me ha dicho que lo remate para que no sufra, pero ya van tres intentos y no lo consigo... Mi padre no apartó la mirada de la tele antes de decir: Pus sácalo al patio a que le de el aire... mañana estará bien. Si las madres pueden hacer que asaltes una colina infestada de Vietcongs, o que te cargues machetazos a todos los monitores de un campamento para niños en un lago de Iowa, los padres es que deben ver el futuro, porque a la mañana siguiente, como por cosa del Ratoncito Pérez, el gatito andaba y saltaba como si nada hubiera pasado... - Espera Murci... ¿Un tío de 1,90 como tú no ha podido matar a un gatito de menos de un kilo después de tres intentos? - ¡Y tú! ¡Tú eres un cabrón que se está riendo de mi suceso! ¡Pues me dolió coño! ¡Me jodió mucho creer que había matado a un gatito pequeño! - A todo esto... ¿Por qué coño no te has lavado la herida? - Por miedo a morir, joder, ¿No ves que puede llevar el veneno del gatito todavía?... Sí, soy un cabronazo, la verdad. Mi amigo, con lágrimas en los ojos, sólo pedía comprensión y otra cerveza, pero yo, cerdo de mí, me partía de la risa en su cara sollozante. Además esta debería ser una de esas historias que quedan entre amigos, pero cada vez que presento a Murci a alguien nuevo le acabo contando la historia del gatito venenoso... y a propósito: Aun no me queda claro por qué coño no se desinfectó la herida... |
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